- “Camote ” Viernes, 14 Septiembre 2012 por Jaime García Elías

Ahora no fueron los cárteles del narcotráfico los villanos de la película. Ni siquiera “los elementos” —que dijera Felipe II—, como sucedió la víspera, cuando la lluvia matutina (una bendición para unos, una maldición para otros) provocó un número desusado de accidentes viales, con los correspondientes embotellamientos.

No... Los culpables de que la circulación vehicular en Guadalajara fluyera a paso de tortuga reumática, la mañana de ayer, fueron —¡quién lo dijera...!— los Niños Héroes.

-II-

Hay tres épocas del año, sobre todo, en que la “Ciudad Amable” que fue alguna vez Guadalajara, se torna insufrible: en vísperas de la Navidad, durante las Fiestas de Octubre, y en ocasión de las Fiestas Patrias. Ayer, por ejemplo, con la intención de “rememorar” (es decir, traer a la memoria) la “gesta heroica” (reducida, en la historia oficial, a anécdota entre épica y romántica) de los seis cadetes sacrificados en la batalla del Castillo de Chapultepec, en 1847, el cierre parcial de las avenidas Chapultepec y Niños Héroes redujo las de por sí escasas vías de acceso del poniente al Centro de la ciudad, a una solamente: Hidalgo.

Queda claro que, colocados en la consabida balanza, el beneficio de la jornada no compensa con el costo de la misma. Lo primero consiste en que un grupo de vividores de la política acuden, más por compromiso que por convicción, más para codearse con ciertos personajillos que para cumplir con un deber cívico, al monumento que ocasionalmente suscita afluencias multitudinarias y espontáneas... las pocas veces que hay motivos para celebrar un triunfo del Atlas. Lo segundo consiste en el anticipo del Purgatorio (vulgo “camote”) en que, so pretexto de la susodicha “conmemoración”, degenera, por unas horas, la movilidad urbana.

-III-

Que eso suceda un día de asueto, cuando cada quien puede optar libremente entre atender la invitación a escuchar discursos pletóricos de patrioterismo trasnochado, a participar en la “fiesta cívica” que un día consiste en un desfile cívico-militar y otro en uno de carros alegóricos, o a quedarse en casa, vaya y pase. Pero que ocurra en un día “laborable”, es un baldón para la memoria de los iconos de un santoral oficial que tiene especial predilección por los grandes derrotados (Cuauhtémoc, Hidalgo, los propios Niños Héroes...), y prueba patente de la falta de imaginación —por no decir esclerosis mental— de la burocracia de angora que nos tocó padecer.

(“¡Sea por Dios!”, decían, en casos así, las abuelas).