* La Liebre Martes, 11 Septiembre 2012 por Jaime García Elías

Para “Chepo” de la Torre, por lo que se infiere de sus declaraciones, los objetivos de la Selección mexicana en la eliminatoria mundialista están muy claros: se trata, en primerísimo lugar, de asegurar el boleto para la cita de 2014 en Brasil; y se trata, a continuación, de recuperar la jerarquía que el futbol mexicano tuvo —hasta hace relativamente pocos años— como “El Coloso del Norte” (del Continente, se entiende), futbolísticamente hablando.

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Puesto que la especulación es parte de la tarea de la crítica, en la última entrevista colectiva previa al segundo encuentro ante Costa Rica, a disputarse esta noche en el Estadio Azteca, alguien aventuró la posibilidad de que el técnico nacional se decantara, si no por utilizar el equipo B, sí, al menos, por hacer algunos cambios con respecto a la alineación que, sin necesidad de prodigarse, resolvió airosamente, el viernes pasado en San José, el primer duelo de la serie.

“Chepo” fue tajante: nada de concesiones; nada de bajar la guardia: para el partido de esta noche va por todas las canicas.

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Si Jamaica, que con dificultades ocupa un lugar en el mapa-mundi del futbol, venció la semana pasada a Estados Unidos, que en los últimos años ha dado pasos firmes al efecto de arrebatar a México la calidad de gallito por excelencia en el corral futbolístico de la Concacaf, los mentores del “Tri” estarían cometiendo un grave error si sobreestimaran a Costa Rica a partir del antecedente del viernes.

Para ganar en Costa Rica, allá, debieron combinarse las carencias de los ticos y la aplicación de los mexicanos. Si los centroamericanos aprietan, aquí, advertidos de que corren el grave riesgo de quedar fuera de la fiesta, y los tricolores aflojan, a partir de la premisa de que ya tienen al rey agarrado de las orejas, nada de sensacional tendría que los supuestos patos, esta noche, cazaran a las supuestas escopetas.

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Se trata, pues, en primer lugar, de asegurar el boleto para el hexagonal final de la zona. Se trata, de preferencia, de hacerlo como líder de su grupo, para dejar constancia de que el asunto va en serio... Y se trata, al final de cuentas, de evitar que se repita la triste historia de La Liebre de la fábula, que, por confiada, terminó vencida —y humillada por los siglos de los siglos— por La Tortuga.