Alto a los espectaculares: un valiente acto de autoridad Viernes, 31 Agosto 2012 por Juan Palomar Verea

Esta semana, de manera inopinada, el Ayuntamiento de Guadalajara comenzó la remoción de 23 espectaculares que se encontraban en las inmediaciones de la Avenida Lázaro Cárdenas de esta ciudad. Bravo. No se recuerda una acción de esta envergadura en beneficio de nuestra maltrecha imagen urbana en mucho tiempo. La enérgica reacción ante la barbarie y la insolencia de quienes talaron más de 130 árboles para favorecer la visibilidad de los anuncios está más que justificada y ya es aplaudida por todos los que piden una ciudad mejor.

Pero hay que seguirle. Un muy preocupante dato revela que ninguno de los anuncios afectados contaba con sus permisos en regla. Lo anterior pone de manifiesto un desorden administrativo (por no hablar todavía de corrupción) que puede ser la punta del iceberg que ha chocado frontalmente con la dignidad de Guadalajara y su zona conurbada. Si esto pasa en unos cientos de metros de una cierta avenida: ¿qué pasará con todo el resto de la ciudad en donde existen cientos de espectaculares? Muchos de ellos, en flagrante violación de los reglamentos respectivos. Simplemente deben recordarse los que están a menor distancia de las permitidas de glorietas y monumentos públicos.

Esperemos que, con la misma valentía con la que el alcalde ha enfrentado esta situación, siga profundizando en un problema que desde hace muchos años se viene denunciando. Por fortuna no son “tiempos políticos” (en los que los políticos suelen valorar en mucho los espectaculares) y parece propicio el lapso que le queda a esta administración para continuar una acción por la que será recordada mucho tiempo y con la que le pone el ejemplo a los demás municipios conurbados.

El costo asumido por el ayuntamiento para remover las estramancias publicitarias es muy bajo en relación con la valía de la dignidad visual de la urbe (y además tendrán que asumirlo los dueños de los anuncios.) Porque esas cuentas no se sacan casi nunca. Mucho se ha insistido en que la devaluación de la imagen urbana de una ciudad representa un radical demérito para la calidad de vida de toda la sociedad. Era ya más que hora de que alguna autoridad se animara a poner un hasta aquí al desbordamiento publicitario que echa a perder tantas perspectivas urbanas.

Además del aplauso, va otra sugerencia. Es necesario pedir de la más efectiva de las formas a la Comisión Federal de Electricidad que cambie sus políticas para preservar sus líneas eléctricas de los daños que pueda causar su conflicto con el arbolado citadino. Esta situación también demerita grandemente la imagen visual y atenta contra la ecología. No se puede solucionar el problema de un plumazo. Pero sí se puede exigir a la paraestatal “de clase mundial” que cumpla su eslogan. Exigir que presente y sea sancionado un programa de introducción de cableado subterráneo para las líneas que tienen conflictos con el arbolado. No por breves, las administraciones no pueden aspirar a pasar a la historia. Seguiremos viendo.