Tres Marías: ¿dónde está el piloto? Lunes, 27 Agosto 2012 por Raymundo Riva Palacio

Una vieja pugna en el gabinete de seguridad, nunca resuelta por el Presidente Felipe Calderón, se trasladó casi por Ósmosis a los mandos operativos de las secretarías de la Marina y Seguridad Pública Federal, y es responsable indirecta de que este viernes dos agentes de inteligencia estadounidense y un capitán de la Marina, estuvieran a punto de morir. La falta de comunicación en las áreas de seguridad que ha convertido a aliados en adversarios, hacían inevitable este momento.

Doce policías federales realizaban un operativo en el área de Tres Marías, una zona donde la criminalidad ha anidado desde hace varios años, por el secuestro del director del Museo Nacional de Antropología,

Salvador Vidal Flores, a quien le habían quitado el dinero, su automóvil, y retenido durante cinco horas. La unidad vio la camioneta donde viajaban los estadounidenses acompañada de otros tres vehículos, y les hizo el alto, de acuerdo con el parte oficial.

La camioneta y sus autos acompañantes, se dieron a la fuga, y comenzó una persecución por más de cuatro kilómetros por la tierra del camino vecinal hasta la carretera federal a Cuernavaca. La Marina dijo abiertamente que los policías los atacaron, pero no menciona el escape realizado ni aclara sobre los otros vehículos acompañantes.

La Embajada de Estados Unidos, más dura, afirmó que sus agentes fueron “emboscados”.

Una emboscada es un acto planeado para perjudicar a una o más personas, por lo que la Embajada sugirió que los policías federales sí maquinaron para atacar a sus agentes. Muy fuerte el señalamiento, ¿para desviar la atención y evitar preguntas que pudieran revelar el grado de involucramiento de sus agencias de inteligencia con la Marina?

La primera es porqué un capitán mexicano manejaba un vehículo oficial del Gobierno de Estados Unidos vestido de civil. El vehículo era oficial, con placas diplomáticas, parte del territorio estadounidense, como lo puede ser American Airlines. Para que un mexicano pueda operar en una propiedad estadounidense, tiene que trabajar para el gobierno de ese país.

La segunda pregunta es si la Policía Federal estaba en un operativo en una zona donde hay instalaciones de la Marina, ¿por qué no alertaron sobre lo que hacían? Normalmente, cuando se realizan este tipo de acciones, se informa a las diferentes dependencias para evitar confusiones y reducir riesgos. Se puede entender que no se hayan detenido por, quizás, un nuevo protocolo de seguridad tras la muerte de uno de sus agentes en San Luis Potosí el año pasado al ser detenidos en un retén por narcotraficantes que vestían uniformes similares a la Policía Federal, pero una vez más, nunca hubo, durante los minutos de persecución, aclaración alguna.

Si es válida esa hipótesis, ¿por qué cuando los perseguían y el capitán lo informó a su base, sus jefes no verificaron con la Policía Federal al mismo tiempo del envío de refuerzos, si en efecto realizaban un operativo en la zona? Cuando los agentes estadounidenses fueron detenidos en San Luis Potosí, tuvieron tres minutos para comunicarse con la Policía Federal y descubrir que no eran los suyos y que habían caído en manos de delincuentes. Si uno calcula una persecución en tierra y las velocidades que permiten ese tipo de superficie, se puede asumir que los marinos tuvieron unos cinco minutos para verificar con la Policía Federal. ¿Qué pasó?

La experiencia que deja el episodio en Tres Marías es que las áreas de seguridad del Gobierno federal no se hablan.

El tema se arrastra desde hace al menos tres años cuando en el gabinete de seguridad el almirante Francisco Saynez se enfrentó con Genaro García Luna, quien se oponía a su propuesta de eliminar literalmente a los narcotraficantes. Nunca se autorizó la idea de Saynez, pero tampoco resolvió el Presidente Calderón el diferendo estallado, que se desdobló a otros niveles.

La falta de coordinación y comunicación no es sólo de marinos con policías federales, sino también con el Ejército; igualmente disfuncional ha sido la comunicación entre  policías federales y la PGR.

Esa incomunicación dañó la estrategia en el combate contra la delincuencia. No ha sido culpa sólo de los secretarios, sino principalmente de su jefe, el Presidente, quien tenía la obligación de ponerlos a trabajar en orden y en equipo, para evitar episodios como el de Tres Marías, que hace tiempo estaba cantado que sucedería.