Ahora que la mayor parte de los pequeños regresan a clases, conviene reflexionar sobre lo estratégico que representa sembrar para el futuro, que es precisamente la educación; esa formación que ahora nos permite una sociedad cada vez más informada y participativa, que sabe elegir y distinguir en su comunidad y que además recientemente nos brindara interesantes lecciones en las pasados comicios electorales, así como en las Olimpíadas, dejándonos la clara advertencia del nuevo México que se viene gestando.
Evidentemente nuestro sistema educativo mantiene inevitables rezagos, propios de la cultura e idiosincrasia de nuestra sociedad, pero también de los inmensos retos presupuestales que representa brindarle formación a la población en general; sin embargo, en la presente administración federal se han emprendido loables esfuerzos, en los que en su momento me tocó participar como presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública de la Cámara de Diputados, incrementando hasta 40% la inversión en educación pública, al pasar de 377 mil millones de pesos en 2006, a más de 531 mil millones para el presente año.
También es fundamental la calidad en la formación educativa que signifique condiciones de competitividad y favorezca oportunidades de desarrollo para los niños y jóvenes, más allá de instalaciones y equipamiento, es sin duda alguna, el enfoque en que ahora los mexicanos tenemos que fijarnos como prioridad nacional.
Hoy más que nunca necesitamos formar personas que compitan exitosamente en el mundo y tengan muy claro su compromiso con la sociedad; también debemos aprovechar hoy en día los relevantes avances científicos y tecnológicos logrados en los últimos años e incentivar a que permanezcan en el país aquellos talentosos estudiantes e investigadores, incluyendo un mayor compromiso comunitario por alfabetizar a pequeños y adultos mayores, paralelamente a brindar mejores estímulos fiscales a las escuelas y universidades privadas, sin dejar de considerar también la multiplicación de inversiones al desarrollo de la ciencia y tecnología.
México debe pasar de la medianía competitiva a la vanguardia educativa que cierre la brecha entre quienes tienen mucho y a los que les falta todo, puesto que a la velocidad que vamos, apenas en el año 2040 nos encontraremos en condiciones suficientes para hacer frente a los retos de la actualidad.
Nuestras escuelas también necesitan de recursos estables para su financiamiento, que correspondan a sus necesidades específicas, toda vez que ahora sólo la mitad tiene acceso a los programas de apoyos estatales y federales.
Claro está, México no gasta poco en educación y los resultados deberían ser mejores. Y sobre todo, no olvidemos que necesitamos formar personas que compitan exitosamente en el mundo y tengan muy claro su compromiso con la sociedad; también debemos aprovechar hoy en día los relevantes avances científicos y tecnológicos logrados en los últimos años e incentivar a que permanezcan en el país, aquellos talentosos estudiantes e investigadores.
No olvidemos que la verdadera responsabilidad de una mejor educación, recae en el triángulo virtuoso Familia-Estado-Academia, es por eso que México tiene Prisa de una mayor y más competitiva formación, tanto científica como tecnológica, que en igualdad de oportunidades para todos, nos brinden la certidumbre de que estamos sembrando para el futuro y de que lo mejor está por venir.
* es consultor y empresario.
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