Interés desinteresado Viernes, 10 Agosto 2012 por El Informador

Por Eduardo Escoto Robledo (escotorobledo@gmail.com)

El rescate del patrimonio cultural es una tarea de suma importancia, que si bien ha ido ganando apoyos oficiales de manera progresiva, no ha alcanzado un punto en el que pueda considerarse una asignatura debidamente atendida. La identificación de casos, las propuestas de intervención y en muchas ocasiones los costos del trabajo mismo recaen todavía con frecuencia en esfuerzos particulares que, afortunadamente, no dejan de presentarse.

Así, el genuino interés por la preservación de aquellos elementos que conforman la identidad cultural local o regional llega a complementar o a adelantarse a las acciones que pudieran darse de forma oficial. Un caso actual que sobresale por su autenticidad es el proyecto de restauración del órgano tubular de la parroquia de San Francisco de Asís de Tizapán el Alto, Jalisco. La población ribereña de 19 mil habitantes cuenta entre su patrimonio con un órgano construido en 1902 por el destacado músico y organero tapatío Francisco Godínez (1855-1902), el cual se encontraba sin funcionar desde hace aproximadamente 50 años.

Ramiro Torres —recientemente nombrado hijo distinguido del pueblo— concibió la idea de volver a hacer sonar el instrumento y para ello constituyó el Comité Pro-restauración del Órgano, que él mismo encabeza. Obtuvieron un apoyo del Fondo de Apoyo a Comunidades para la Restauración de Monumentos Históricos y Bienes Artísticos de Propiedad Federal (Foremova) que les permitió iniciar con los trabajos de recuperación que se iniciaron hace más de dos años y que se encuentran ya en las últimas etapas.

Don Ramiro, como es conocido en el pueblo, ha procurado la obtención de recursos por medio de rifas de coches, donativos y colectas que realizan en el pueblo y entre los emigrados a Estados Unidos, sin faltar las aportaciones que ha realizado a título personal. La tarea ha sido ardua y el entusiasmo de los tizapanenses es alimentado con los recitales que se han organizado a fin de presentar los sucesivos avances alcanzados. De hecho, el pasado 28 de julio se presentó el Coro de Infantes de la Catedral de Guadalajara por primera vez en la historia del pueblo.

Es ahí donde este tipo de proyectos toman una dimensión real, pues no se está hablando de la restauración de un objeto con un simple valor histórico, sino que sus efectos a nivel cultural se vuelven palpables en estos recitales donde la parroquia se llena completamente de gente que quizá sin haber tenido un interés previo por la música formal la disfruta, se deja encantar por la sonoridad del instrumento y se entusiasma al grado de querer estudiar música (como ya ha sucedido) o de pedir más eventos de ese tipo.

La rehabilitación de un órgano es una tarea delicada que implica mucho más que la obtención de los fondos necesarios, que no son pocos. Sin ir más lejos, la historia de la organería jalisciense está llena de casos de intentos de restauraciones cuyos resultados fueron catastróficos o tajantemente fraudulentos y que terminaron por destruir instrumentos que hubiesen podido ser rescatados. Afortunadamente, en este caso, el Comité requirió los servicios de la familia Sandoval del Toro, cuyo trabajo realizado principalmente en instrumentos de esta ciudad durante cerca de seis décadas es de sobra conocido. Ellos laboran en Tizapán buscando respetar en lo posible el diseño original de los mecanismos y sus características sonoras.

Así, la primera restauración de un órgano Godínez en el Jalisco del siglo XXI no se da en Guadalajara sino en aquella población de la región Ciénega, donde el interés y la disposición supieron encontrar un adecuado cauce.