Si algo tienen los panistas que hoy se disputan las migajas para alimentar sus proyectos personales es que, en esencia, son incapaces de respetar los pactos de secrecía. Basta con que se reúnan más de tres para que lo acordado –sin importar la materia– “se filtre” tarde o temprano.
Debemos agradecer a esta condición de los involucrados el que hoy quede sobre la mesa el fondo de la pugna por los coordinadores parlamentarios y la rebatinga de las posiciones de poder al interior de la estructura formal del PAN. Ya extrañaba que el presidente del CEN, el senador chihuahuense Gustavo Madero, tuviera la fuerza para enfrentar a Calderón... y hoy sabemos que no lo hace solo, sino con el cobijo de su otrora gran enemigo: El Yunque.
Ese grupo confesional y “secreto”, ultraderechoso y que pretende imponer el reino de Dios en la tierra, es el que alimenta la gran rebelión de los comités estatales contra el esfuerzo del calderonismo por quedarse con todo, literalmente con todo lo que queda del partido y, por supuesto, la joya de la corona que es la influencia y eventual control sobre las bancadas en el Congreso.
Los enterados podrán afirmar que no hay ninguna gran revelación y pueden tener razón, pero el detalle brota al detectar a quien pertenece el brazo que opera a favor de la cofradía que impone como regla de oro a sus militantes el negar la existencia de la organización: el gobernador con licencia de Guanajuato, Juan Manuel Oliva.
La historia de Oliva es peculiar: de periodista pasó a escalar todas las posiciones de poder al interior del PAN en Guanajuato, de la mano de uno de los grandes mecenas de El Yunque en el Bajío, Elías Villegas. Una vez gobernador, sucumbió a la tentación pragmática y en lugar de apoyar —tal y como lo ordenó El Yunque— como su relevo a quien de hecho resultaba su superior en la orden, el secretario de Gobierno, Gerardo Mosqueda, inclinó la maquinaria gubernamental y partidista a favor del secretario de Desarrollo Social y hoy gobernador electo, Miguel Márquez.
El lance le costó distanciarse de El Yunque, pero por mucha distancia, no se pueden cortar los lazos políticos, sociales y religiosos que se tejen al amparo de la organización, y hoy opera a su favor. Podría resultar curiosa la vinculación con Madero ya que éste enfrentó a la cofradía a la hora de disputar la presidencia del PAN, pero habrá que tener presente que no tuvo más remedio que reconocer su poder e influencia al interior del partido y dejar pasar (y operar) a la yunquista Cecilia Romero como secretaria general.
Son las alianzas forzadas que impone la coyuntura: hoy, para Madero, como para El Yunque, el enemigo a vencer es Calderón y a Oliva le viene como anillo al dedo la encomienda, ya que tiene algunas facturas pendientes de cobro con el Presidente de la República, desde que le ordenó apoyar abiertamente en la precampaña blanquiazul a Ernesto Cordero y luego lo abandonó a su suerte.
Entonces ya conocemos los detalles del porqué Calderón, aún y con eso de que no escatima esfuerzo ni recursos para convertirse en el gran titiritero, no la tiene tan fácil: enfrenta a uno de los poderes fácticos económicamente más poderosos al interior del panismo y que además no está dispuesto a ceder ni un ápice en la lucha por el control de lo que queda del partido.