* Ilusiones Martes, 7 Agosto 2012 por Jaime García Elías

Dicen en Europa que “fracasada España, derrotada Gran Bretaña y eliminado Uruguay”, lo único que queda por suceder en el Torneo Olímpico de futbol es que Brasil —uno de los ocho sobrevivientes— haga lo que nunca, hasta ahora, ha conseguido en esa competencia: agregarla, con todos los honores, al inconmensurable catálogo de sus conquistas en el deporte que los amazónicos han convertido en religión.

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México, en el encuentro del sábado pasado, ante Senegal, revitalizó sus ilusiones...

No fue tanto por lo que jugó el “Tri”, ya que, en términos generales, sigue quedando la sensación de que al cuadro de Luis Fernando Tena se le puede retratar, de cuerpo entero, con cinco palabras: “Chuy Corona... y diez más”. Convocado como uno de los “refuerzos” a los que por una concesión reglamentaria tienen derecho los participantes, el actual arquero del Cruz Azul se ha erigido, por derecho propio, en baluarte del equipo y en artífice descollante de los resultados que lo mantienen con vida, acariciando aún la esperanza de hacer historia.

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Fue, principalmente, por el temperamento que demostraron los jugadores mexicanos, al levantar la cabeza cuando las circunstancias gravitaban en su contra, que el “Tri” dio muestras de que no está hecho del mismo barro de la generalidad de las selecciones mexicanas que han participado en certámenes internacionales de alto nivel... como los Juegos Olímpicos, precisamente.

Un partido que se gana por 2-0 y en que el adversario se levanta de la lona para empatar el marcador, suele quedar más a modo para que se cumpla el refrán de “Caballo que alcanza, gana”, que para que la victoria se reconcilie con el que la tuvo en la mano... pero la dejó escapar.

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El antecedente de que Japón ya venció a México (por 3-0) en unos Juegos Olímpicos —los de México-68, precisamente—, difícilmente pesará en el ánimo de los seleccionados mexicanos. Después de todo, ninguno de ellos había nacido cuando aquel infausto episodio sucedió...

En todo caso, es probable —y, por supuesto, es deseable— que en el ánimo de los tricolores pese la ilusión de superar el obstáculo en turno para aproximarse a la gloria.

Ya después se verá qué tanta verdad hay en que la medalla de oro está reservada para Brasil... que, por cierto, dejó de ser el adversario invencible que fue por muchos, muchos años para los mexicanos.