Con mi saludo semanal y los mejores deseos, va la entrega del deporte convertido en arte y donde la charrería sigue adelante, dejando a ustedes que nos dispensan con su lectura, esta entrega semanal del más mexicano de los deportes.
Hace tres semanas que hicimos la última entrega y luego de estas minivacaciones, estamos de regreso. El viernes estuvimos, en Irapuato, en la inauguración del Campeonato Nacional Infantil Juvenil y de Escaramuzas, mismo que es en honor de don Enrique González Rodríguez.
Hay que resaltar la presencia de la Reina Nacional, Ana Victoria I, a quien ahora si se acordaron de invitar.
Enrique gran charro aún en activo y destacado en los Grandes Coleaderos, es un gran amigo y no de ahora, de hace décadas y siempre un ejemplo de entrega, pundonor y sobre todo amistad. Ahora con su esposa, hijos y nietos, sigue la tradición que heredó de su abuelo y este a su vez del profesor Enrique González Treviño.
A propósito de su nieto Enrique IV, se llevó la tarde en la inauguración del “Nacionalito” y es que el pequeño de tres años, robó hasta la atención del Gobernador de Guanajuato.
De su abuelito, don Enrique González Rodríguez podemos decir muchas cosas y vaya este pequeño reconocimiento, eso si con mucho corazón lo hacemos, además de llevar el nombre de la fiesta de los charros del mañana, porque recuerden que honor a quien honor merece.
Así es que, muy merecido que este evento lleve el nombre de tan insigne charro, porque él desde cualquier trinchera y en cualquier lugar, ha hecho charrería.
La charrería necesita recuperar muchos valores y con este sentido homenaje, se hace justicia a un hombre ejemplar y del que podría decir aún muchas cosas más. Caballero ejemplar y que siempre hace charrería, acompañado de su esposa e hijos y ahora los nietos.
Estos son los hombres de a caballo que bien merecen muchos reconocimientos más, pero sabemos de que a mi amigo Enrique no lo distraen esas cosas. Por eso y muchas cosas más, Honor a quien honor merece. Felicidades Enrique y enhorabuena.
Hasta la próxima columna, si mi Dios tan charro no lo remedia.
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