Llueve largamente sobre el jardín agradecido. Quién sabrá del tiempo justo para cortar las últimas granadas que ahora enrojecen lentamente bajo la comba de una rama que apenas se estrena en el fulgor del verano. Una joven campamocha aparece al fragor de la tormenta e intenta unos movimientos sutiles y escurridizos entre las aspas del viejo ventilador. Sus formas estilizadas hasta el delirio harían palidecer cualquier diseño de Pininfarina o de Philippe Starck. Al amanecer el bicho se ha ido tan misteriosamente como llegó.
**
But he who watches beauty as it flies/ lives till eternity’s sunrise. William Blake. De una cita citada por Paco Martínez Negrete: Pero aquel que mira la belleza mientras vuela/ vive hasta el amanecer de la eternidad. O: Pero quien considera la belleza mientras huye/ ha de vivir hasta el alba de la eternidad. O…
**
Gabriel Zaid, para decirlo una vez más, es una de las voces fundamentales de la poesía mexicana de estos tiempos. Un delgado volumen publicado muy limpiamente por las Ediciones del Tucán de Virginia entrega sus Sonetos y canciones. Algo hay en las transparencias que Zaid propone a la lectura de abismalmente hondo. Un dejo sabio y casi taimado que vuelve los renglones memorables: a la manera que uno se acuerda después de los sones viejos oídos con aparente distracción en un viaje distante. Va la transcripción de Transmisión nocturna:
Las selvas africanas, el Nilo
que se desborda, las costas de Grecia,
una sonrisa imperceptible, las ciudades:
todo reducido a mirada, pintura, telefoto.
El robo del fuego, la expulsión
del paraíso, la poesía, la construcción
de templos, las batallas, el poder y la gloria:
todo reducido a leyenda, historia, teletipo.
La noche duerme y el reloj habla solo:
transmite el mundo, las constelaciones,
la historia universal.
En el delirio del tic tac binario,
el universo se expande con la lentitud
de la hierba: todo pasa reducido a silencio.
Mención aparte merecen las traducciones a las coplas de Fernando Pessoa: exactas, contundentes, entrañables. Doña Rosa, doña Rosa,/ ¿de qué rosal viene usted,/ que no tiene más que espinas/ para quien la quiere bien? Otra: La rosa que no se corta,/ no por eso vive más./ Nadie es capaz de mirarte/ y no quererte cortar. Y una más: Tu ventana grande y alta,/ tu casa blanca, que invita./ Nada le sobra o le falta/ si no vivieras solita.
De aquí a Darmstadt…
**
La púa semilla aterriza sobre la mesa tras efectuar un breve vuelo a través de la ventana abierta. Mínimo y puntual recordatorio de parte del fresno que dura en la banqueta: hay que durar, dice muy sereno. Y manda sin prisa y sin tregua las semillas que habrán sin duda de perpetuar su presencia entre nosotros. Un ala, dura y erecta, diseñada con una mínima torsión que hace que en su caída el dispositivo adquiera un movimiento helicoidal que facilita su inserción en la tierra. Millones de años para lograr esa precisa forma, esa exacta consistencia, esa caída: los trazos sobre el papel se ven ahora más pálidos, más inciertos.
**
Paul Auster entregó no hace mucho su última novela: se llama Sunset Park. La liviana maestría del máster Auster sigue produciendo obras que se leen con hipnótica facilidad, con expectante atención lista a descubrir otro de sus brillantes juegos verbales, otros de sus personajes trazados con exactitud y gracia. Así se introduce a Bing Nathan, uno de los cuatro okupas de la calle del parque del Ocaso: “Es el guerrero de la injuria, el campeón del descontento, el destroncador militante de la vida contemporánea que sueña con forjar una nueva realidad desde las ruinas de un mundo fracasado. No pertenece a ningún movimiento o partido, nunca ha hablado en público, y no tiene ningún deseo de conducir hordas iracundas por las calles para quemar edificios y derrocar gobiernos. Es una posición puramente personal, pero si vive su vida de acuerdo con los principios que ha establecido para sí mismo, está cierto de que otros seguirán su ejemplo.” Y así, Auster pinta a los cuatro jóvenes que se enfrentan, en Brooklyn, con la difícil y desencantada realidad de un mundo que les cierra las puertas y del que, sin nadie saberlo, son la llave y la clave.
**
El playlist de José Fors el otro día en el Barramericano fue impecable: de Cat Stevens, ¿En dónde jugarán los niños?; de Elton John, Tu canción; de David Bowie, Space oddity. Canciones que permanecen y relampaguean en la noche. Buena velada organizada por Sara Valenzuela en beneficio de la comunidad huichola. It’s a little bit funny/ this feeling inside/ I’m not one of those/ who can easily hide…
Por ganas de inventar, va un playlist imaginario en honor a la causa: Red Mosquito de Pearl Jam, Ojos de video tape de Charly García, Signal to noise de The Cure. La letra iría inscrita en chaquiras de colores alucinantes y factura impecable…
**
André Gide escribió alguna vez: “Cree en aquellos que buscan la verdad, duda de los que la han encontrado.”