Difícilmente podemos encontrar un alcalde más obediente que el interino de Tlaquepaque, Marco Antonio González Fierros. El mismo alcalde al que le talaron “clandestinamente” los árboles del camellón de la Carretera a Chapala, una de las más circuladas del país, y sigue sin encontrar a los culpables, ahora decidió adelantar la voluntad del próximo presidente municipal, Alfredo Barba, y entregar la única reserva ecológica de ese municipio a la Universidad de Guadalajara, para la construcción de un centro universitario, tal como el alcalde electo lo prometió en campaña. Un alcalde electo que comienza a cumplir promesas antes de tomar posesión en mi pueblo se llama cacique, pero en Tlaquepaque le llaman ejecución expedita de la voluntad popular.
Pero, más allá de lo patético del alcalde obediente, la decisión de revertir el decreto de protección de 55 hectáreas del Cerro del Cuatro para entregarlo a “la noble causa” de la Universidad es una decisión que atenta contra el municipio y contra toda la ciudad. Tlaquepaque es el municipio con mayor déficit de áreas verdes en la zona metropolitana. La presión urbana y las malas decisiones de anteriores alcaldes hicieron de este territorio un páramo. Cuando hace seis años el entonces alcalde y hoy alcalde con licencia, Miguel Castro Reynoso, tomó la decisión de reservar por decreto ese terreno para convertirlo en un gran parque, lo hizo consciente de la importancia que tiene no sólo para Tlaquepaque, sino para toda la ciudad, proteger lo que queda del Cerro del Cuatro y de la presión urbana que varios actores estaban ejerciendo sobre esos predios, uno de ellos nada menos que la CROC. En esa reserva se han invertido ya decenas de millones de pesos no sólo del municipio, sino de los gobiernos estatal y federal.
Esta primera decisión del alcalde en funciones que todavía no toma posesión, Alfredo Barba, es un regalo envenenado para la UdeG. Ellos mejor que nadie saben que éste no es un buen lugar para construir un centro universitario ni está en los planes de desarrollo de la Universidad. Pero, al recibir 15 de las 55 hectáreas del parque, estarán condenando las otras 40 al desarrollo urbano. Dicho de otra manera, la UdeG será la pantalla de una decisión que atenta contra la ciudad y contra lo que la misma Universidad ha venido predicando.
Ya vimos el desastre urbano que ocasionó la urbanización de la ladera poniente, invadida en los años setenta con el consentimiento de las autoridades. Ojalá escuchemos a los académicos, ecologistas y urbanistas de la Universidad de Guadalajara y otras universidades pronunciarse sobre el tema. Han sido ellos los que desde hace décadas han planteado la necesidad de proteger el Cerro del Cuatro. Pero ojalá, sobre todo, que esto no sea un adelanto de los gobiernos por venir.