San Nazario de Apatzingán Miércoles, 11 Julio 2012 por Diego Petersen

Desde su aparición pública, el cártel “La Familia Michoacana” se presentó como un grupo moralizador. Fue la primera vez en este país que el fenómeno del narco y el fenómeno religioso se juntaron de manera explícita. Los narcos, según las crónicas a las que hemos tenido acceso, se nos han presentado siempre como personas muy religiosas y muy creyentes a su manera. El caso de Jesús Malverde en Sinaloa es el ejemplo clásico del santo secular, venerado por quienes se dedican al narco. Luego vino la Santa Muerte, otra imagen secular venerada por los excluidos y los malandros. En mayo pasado comenzaron a circular las primeras noticias de que en tierra caliente se estaba destruyendo imágenes de “San Nazario”, la figura santificada de Nazario “El Chayo” Moreno, líder de “La Familia”. Ante el hostigamiento del Ejército y la Policía le cambiaron el nombre a la imagen, un caballero cruzado tomando una gran espada con los dos puños a la altura del pecho, por San Bartolomé. Sin embargo el culto se mantuvo y en estos días circularon ya algunas de las oraciones con las que los seguidores de la otrora “Familia Michoacana” hoy “Caballeros Templarios” veneran a este singular personaje.

Nazario fue un converso. Fue bautizado como católico, como la gran mayoría en este país, pero se convirtió en seguidor de los testigos en Jehová y luego en predicador. “San Nazario” tuvo dos libros inspiradores: “Salvaje de Corazón”, un texto de superación personal de inspiración cristiana escrito por John Eldredge, quien asegura que todo varón lleva la herida de Adán, la herida causada por el padre, y que el hombre debe superar esa herida y recuperar la pasión en la vida cristiana; y “El Loco” de Gibrán Jalil Gibrán, al grado que él mismo firmaba todos los libros que regalaba y dedicaba como “El gran loco”.

“San Nazario” es la síntesis de un fenómeno poco estudiado y comprendido. El narco es un asunto criminal y económico pero también cultural. Mientras no entendamos qué hace que una persona decida arriesgar su vida e ir a una muerte segura a cambio de dinero, sentido de pertenencia y protección no avanzaremos mucho. El narco en México es mucho más que un fenómeno criminal, es un cultura que ha echado raíces a lo largo de más de 50 años, por eso es tan difícil de comprender y de erradicar. El caso de “La Familia” permite ver con mucha claridad que el tema va mucho más allá de las armas y la aplicación de la ley. Pero si no entendemos que la lucha contra el crimen organizado es un tema de política cultural seguiremos dando palos de ciego y perdiendo batallas que creíamos ganadas. En Michoacán se ganó la guerra de balas, pero se está perdiendo la guerra de las conciencias.