Rosa Larios Novelo, Premio Jalisco de Psicología Viernes, 6 Julio 2012 por Maya Navarro de Lemus

Escribí sobre Rosa Larios, hace 10 años. Ya padecía leucemia. Es una mujer que desempeñó su carrera desde que trabajaba en la escuela de Psicología del ITESO. Más tarde, ya como psicóloga en el Hospital Militar; directora de la Maestría en Desarrollo Humano; asesora de reconocidas universidades. Oriunda de Colima, en Tepames donde nació en 1935, de origen campesino. Normalista de la Universidad de Colima y fundadora de la Academia Marela. En la carrera de Psicología, empezaba a estudiar, convirtiéndose en maestra y alumna. Se especializó en Psicología Educativa y Orientación Vocacional e Historia de la Psicología en el ITESO. Con el padre jesuita Juan Lafraga, funda la maestría en Desarrollo Humano, extendiéndose en varias ciudades como Torreón, Morelia, Celaya, Tijuana y Monterrey. Donde campesinos, obreros, indígenas, podían estudiar sin preparatoria. Durante 24 años impartió clases, en 1987 funda y dirige Cehus (Centro humanístico del ser. A.C). Es autora del libro Un camino de luz, en la contraportada la definen así: “De profunda relación con Dios y mirada serena, una mujer llena de amor y sabiduría que lucha por la vida con amor. Ella ha encaminado su tarea y su sentido de vida al desarrollo de la libertad del amor y comprensión humana. Poseedora de un modo fino, cercano y peculiar de adentrarse en la vida del otro”.

Tuve el privilegio de ser recibida en su lecho de enferma, ya no camina y no está exenta de dolores y penurias. Le dije: ¿qué consejo nos dejarías a las mujeres que vivimos estas etapas turbulentas? Me contestó: “Nada tenemos sin que lo hayamos recibido, incluso la voluntad y la fuerza para seguir adelante, y yo sí creo que es un regalo de Dios. La apertura actual… quisiera ser abierta, significa tener estructuras. Puertas y ventanas, eso es ser abierto, y cuando todo se derrumba al interior, te quedas en la intemperie. Ser abierto significa tener principios, bases, constancia, fidelidad, ser capaces de afrontar el natural dolor que la vida lleva. En los evangelios hay ejemplos muy claros para las mujeres: El Señor Jesús nunca menosprecio a las pecadores, puede verse a la Samaritana María Magdalena. Él no las menosprecio y las trató con cariño para que volvieran a un camino de luz, no para volverse como ellas. Cuando el ambiente es muy tóxico y la presión es fuerte, más vale retirarse, así como no aguantaríamos los olores fétidos. No es cobardía es decisión y firmeza el decir: No quiero estar en este ambiente, hasta aquí doy. Hay que buscar en la vida el bien, la verdad.

“Me gustaría platicarte de la gratitud: una cosa es lo grato y siento que se ha esfumado. La gente nunca se llena y se siente plena, no ve lo que tiene, siempre está viendo lo que no tiene. Le faltan espejitos, oropeles, cosas que ni nos vamos a llevar. Decir a los hijos: ‘da las gracias’, eso no es cortesía, es cultivar. Los padres se medio matan por los hijos, éstos sacan buenas calificaciones y en lugar de decir: ‘Miren padres lo que con su trabajo logré’, esperan reconocimiento y regalos. Crecen en un ambiente que no agradecen, y cómo agradecerán la luz, el aire, el agua, la ternura y afecto de los demás. No tenemos una cultura de gratitud. Psicológicamente la persona agradecida generalmente no se deprime, está muy ocupada en agradecer, no sufre de valoración, consiente que ha recibido más de lo que merece. Su autoestima sube, reconoce lo que tiene y lo que es, tiene confianza en su valía y, si es creyente, de saberse hija de Dios. Una persona agradecida evita enfermedades que no son virtudes: Soberbia, ¿de qué? Lo que tengo me ha sido dado. Avaricia, ¿de qué? Si estoy contenta de que otros tengan. Reconocer la historia personal, nuestras emociones y sentimientos y darles un sentido, son elementos fuertes de la autorrealización personal. Seamos agradecidos, cultiven la gratitud en sus hijos y en ustedes, aún con las personas que no nos quisieron, porque también me ayudaron a forjarme. Soy porque me lo han dado, y también por lo que me han quitado. La gratitud es un elemento que hace poner los ojos en lo grato, y cuando la fe se nos va… decir ‘SEÑOR, sálvanos que perecemos’. Gente del mundo de buena voluntad vamos uniéndonos para no permitir que se pierda la esperanza”.

Platicando difícilmente olvido a León Felipe: “Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios; por este camino donde yo voy, para cada uno guarda un rayo de luz el sol y un camino virgen Dios”.