Carbones encendidos Viernes, 8 Junio 2012 por Vicente Bello

En los territorios de la Cámara de Diputados el PRI mostró ayer, a través de José Ramón Martel López, el rostro lívido de la desesperación.  Sí. Otra vez. Andrés Manuel López Obrador ha sido el propiciador de ese desencadenamiento extremo de las emociones de los priistas, ahora a punto de transfigurarse en ira desbocada.  

Martel López es el vicecoordinador de la bancada tricolor en la Cámara de Diputados; el mismo que ha llevado la voz cantante del grupo parlamentario aquel, en la materia política.  El diputado más relevante del PRI después de Francisco Rojas Gutiérrez, y uno de los peones más íntimos que Enrique Peña Nieto ha tenido en San Lázaro, durante la LXI Legislatura.

Una reportera picoteó la cresta a José Ramón: “Se ve que están tan preocupados que han descalificado reiteradamente a un candidato”. Y, preguntando, le remachó: “¿Cuál actitud asumiría el PRI si gana Andrés Manuel López Obrador?”

Imposible atender tamaña posibilidad…, dio a entender el ujier de Peña Nieto cuando respondió: “Todo el priismo está preparándose para seguir construyendo el triunfo electoral en las urnas”…

Era la conferencia más ardiente del día en San Lázaro. Hacía unos minutos, José Ramón Martel López había enumerado un rosario de epítetos recién sacados de las brasas de una campaña, la priista, que se ha puesto al rojo blanco. A Andrés Manuel López Obrador le dijo “esquizofrénico”, “desequilibrado”, “intolerante”,  “mesiánico”, “soberbio”, “corrupto”…

Pero, además, la andanada de José Ramón contra Andrés Manuel tenía título: “El decálogo de las contradicciones, los mitos y las diferencias entre el decir y el actuar de Andrés Manuel López Obrador”.

El abrasador pronunciamiento del seguidor de Peña Nieto había tenido una causa que se antojaba brutal: el candidato Andrés Manuel acababa de salir airoso de la encerrona que,  la noche anterior, hubo tenido con gente de la comunicación de Televisa, inobjetablemente afines a la candidatura de Enrique Peña Nieto.  

Y no sólo eso. El perredista sembró allí también un dato que escocía al PRI: López Obrador afirmó que tiene 28 puntos en una encuesta interna contra 26 de Enrique Peña Nieto y 19 de Josefina Vázquez Mota.

Evidenciaba el priista un claro propósito: descalificar al perredista, al grado de remitirlo por los epítetos de marras, cuando dijo éste que ya se perfila el fraude al ver que se proyecta la caída de Peña Nieto en las encuestas y en la elección del primero de julio.

El priista decía: “Parece que (Andrés Manuel) ya anticipa que los resultados sólo serán aceptados siempre que el triunfo sea de ellos”. Y apostillaba: “Es la elección de un solo hombre. De aquel hombre que en abril de 2008, a propósito de la discusión de la reforma energética, en reunión con senadores, le preguntó el senador Carlos Navarrete si el movimiento era él. Y los medios de comunicación recuerdan perfectamente la contestación (de López Obrador): ‘el movimiento soy yo”…

Este despliegue declarativo  despertaba a una Cámara amodorrada, que no acierta a meterse en las campañas más que como un recipiendario de ecos de corte político-partidista.  En la bancada de enfrente, la del PRD,  las declaraciones eran igual de tórridas.  Pero inocultablemente festivas.

Mary Telma Guajardo Villarreal, coordinadora de los perredistas, centró así al PRI, a Televisa y a los periodistas del programa adonde López Obrador se presentó: “Quiero decirles que está muy clara la posición de las personas que forman parte de la empresa de Televisa; está muy claro que siguen apoyando con su actitud a la posibilidad de querer imponer a Peña Nieto, como lo vienen manifestando miles de jóvenes a lo largo y ancho del país”.

Y, en su conferenciar,  apostillaba Guajardo Villarreal: “Si ustedes pudieron observar la entrevista (que hicieron en Televisa a AMLO) era más bien una desesperación de algunos de los entrevistadores porque Andrés Manuel no expusiera su proyecto de gobierno. Pude ver cómo un Joaquín López Dóriga y un (Carlos) Loret de Mola estaban al acecho, en una actitud de acecho, para ver en qué momento pudiera (Andrés Manuel) tropezar”.

En la víspera, el priista Emilio Gamboa Patrón había exigido a López Obrador, mediante una declaración, que ofreciera disculpas al IFE, por dudar de la probidad de los consejeros.  La misma Guajardo Villarreal, ayer, decía en alusión a Gamboa: “Ahora resulta que los alquimistas del PRI son santos democráticos”. Y resellaba la coahuilense, diciendo: “López Obrador no debe ofrecer disculpas a nadie porque no le debe nada a nadie”… Y (Gamboa Patrón)  “no tiene calidad moral para decir eso pues basta recordar sus nexos con Kamel Nacif”.

Si las campañas por la Presidencia estaban de por sí calientitas, se confirmó que la temperatura ayer subió varios grados más.