Diario de un snob Sábado, 2 Junio 2012 por El Duque De Tlaquepaque

“LA CASA DE LUIS BARRAGÁN, UN VALOR UNIVERSAL”... NUEVO LIBRO SOBRE EL CÉLEBRE ARQUITECTO.

TEXTOS DE ALFONSO ALFARO, JUAN PALOMAR Y DANIEL GARZA.

 AL PASO DEL TIEMPO EL MITO SE AGIGANTA Y SE VALORA MÁS SU IMAGEN.

DOS GRANDES PALACETES DE LA VIEJA GUADALAJARA A LA VENTA.

SE CASAN YA... ROMY GONZÁLEZ OCHOA Y ANDRÉS ORTIZ-MONASTERIO EN EL DF.

ELLA ES HIJA DE MANUEL GONZÁLEZ Y DE PIER OCHOA VEYTIA.

Aun y cuando creíamos que ya todo estaba dicho (o escrito) acerca de la obra, el talento y el exquisito buen gusto de LUIS BARRAGÁN, sin duda el más célebre de los arquitectos mexicanos, recién se editó un bellísimo libro más acerca de una de sus obras maestras: La Casa de Luis Barragán, un valor universal, teniendo como tema central la casa que fincó y habitó para sí mismo en medio del populoso barrio de Tacubaya, en la Ciudad de México, y a unos pasos del agitado y transitado Periférico. Así pues, con un despliegue de bellas imágenes en lustroso couché debidas a la lente de Pablo López Luz, Alberto Moreno Guzmán y Klint & Photo, vemos nuevos ángulos y acercamientos de una casa que, aunque conocemos perfectamente, una vez más nos sorprende.

Los textos corren a cargo de JUAN PALOMAR, ALFONSO ALFARO y DANIEL GARZA, tres eruditos en el tema “barraganiano” y en el de la arquitectura y las artes; los tres realizan una muy buena participación y además se adjuntan algunas bellas fotografías y dibujos del pasado, que siempre serán buena referencia para entender más aún la obra de uno de los tapatíos más reconocidos a escala mundial y que sigue siendo noticia. Al paso del tiempo su figura se agiganta, el mito crece y con esto se hace más patente la ausencia de grandes figuras actuales que vengan de alguna forma a suplir a ese grupo de jaliscienses que arrasaron con la escena en todos los campos de las artes durante casi todo el siglo XX. Y como buen genio y miembro ilustre del “Panteón de los Exquisitos Tapatíos”, no se casa jamás, dando así pie a crear en torno suyo más misterio aún, rodeado siempre de bellezas, pero no toma estado. Los genios —ni los ángeles— lo requieren... ¿por qué habría él de ocuparse de una situación tan trivial? ADRIANA WILLIAMS al parecer fue una de las mujeres que más cerca estuvieron de convertirse en la señora de BARRAGÁN, notable y bella, nieta del GENERAL PLUTARCO ELÍAS CALLES, una especie de ultrasofisticada “hija de la Revolución” domiciliada entre Nueva York, París y la Ciudad de México, ella de 24 años y el de 55, decide este último que la mejor solución era continuar soltero, y lo consiguió hasta su fallecimiento en noviembre de 1988.

Poco se ha hablado (o escrito) respecto a la elegancia suprema que hasta el fin de sus días conservó; uno de sus sobrinos nietos, y a quien hemos frecuentado desde hace muchos años, nos hacía siempre una perfecta semblanza del tío, nos referimos a ÓSCAR PINTADO BARRAGÁN, quien, junto con su familia, mantuvo una muy estrecha relación, y de él supimos que su célebre tío era un auténtico “dandy”, además de gran arquitecto, una especie de BEAU BRUMELL con talento además, y de sobra, para diseñar los más maravillosos espacios. A poco vemos una imagen suya alternadamente y con semanas de diferencia: era 1980 y le acaban de otorgar el premio PRITZKER, esa especie de presea equivalente al Premio Nobel, pero orientada al diseño y la arquitectura. Una de esas revistas era un Town & Country y la otra debió haber sido un Architectural Record, si mal no recuerdo... al ver esa figura espléndidamente ataviada y al pie de la escalera de su casa, lo tomé como si fuera algo natural... “Ah, claro, no podía ser menos... el tío de mis amigos... cuánta razón tenían en elogiar su buen gusto...”.

Auténtico dictador del supremo gusto en el vestir como en el diseñar, siguiendo los pasos de su amigo y mentor CHUCHO REYES, cuya casa (también en la Ciudad de México) lamentablemente no corrió la misma suerte que la de BARRAGÁN... hace poco tiempo fue desocupada por completo y todas las maravillas que nos tocó ver y disfrutar se desvanecieron entre los anticuarios y chachareros. De allí de esa casa de CHUCHO podemos decir que comenzó todo, como una cueva de Alí Babá: en cada salón que se abría se descubrían más maravillas, entre piezas coloniales, retratos jaliscienses del siglo XIX, loza de Compañía de Indias y enormes esferas de cristal, abigarrado, pero perfectamente bien puesto todo, y destacando los colores que a poco tiempo de su llegada a la capital LUIS comienza a utilizar, dándole un sello particular a sus creaciones. Bien decía BARRAGÁN que muchas veces perdura más una fotografía que una casa por bella que ésta fuera.

La edición del libro que nos ocupa es un proyecto de Fundación BBVA BANCOMER, el Gobierno del Estado de JALISCO, la FUNDACIÓN DE ARQUITECTURA TAPATÍA y el WORLD HERITAGE PATRIMONIO MUNDIAL, y bajo el sello de la editorial RM... con un sorprendente tiraje de casi 15 mil ejemplares. Un buen libro a no perderse por ningún motivo.

Y cambiando de tema, se anuncia ya por medio de elegantes invitaciones la muy próxima boda de la joven pareja formada por ROMY GONZÁLEZ OCHOA y ANDRÉS ORTIZ-MONASTERIO SEGURA, a celebrarse en una de las más bellas capillas de Tepotzotlán, sede del magnífico Museo del Virreinato. Ella es hija de MANUEL GONZÁLEZ GONZÁLEZ y de nuestra querida amiga PIER OCHOA VEYTIA, y el novio, por su parte, hijo de ÁLVARO ORTIZ-MONASTERIO y NORIEGA y GABY SEGURA de ORTIZ MONASTERIO. De los OCHOA, como de los VEYTIA, dos familias de antiquísimo linaje tapatío al 100%, podríamos hablar capítulos enteros, al igual que de los ORTIZ MONASTERIO Y de GARAY, tratándose de viejas familias capitalinas. Un buen convoy de conocidos tapatíos se alista ya para asistir a tan notable ceremonia, con posterior recepción al mediodía.

Y retomando el asunto de las casas bellas y la arquitectura, se acaban de poner a la venta dos antiguas mansiones, más bien palacios: una precisamente intervenida por LUIS BARRAGÁN en los años treinta, nos referimos a la que antiguamente fuera la casa de la familia ROBLES-LEÓN, esquina de las calles de Madero y Pavo; y la otra que hace contraesquina con el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y que fuera la mansión del Dr. MOTA VELASCO, en dos plantas y con enorme secuencia de salones, patio central y gran escalera. Nada mal estaría que las adquirieran personas de sensibilidad y buen gusto para que cariñosamente las restauraran, tarea nada fácil en una ciudad que parece perder las riendas en esta difícil transición de “rancho grande” a gran capital cosmopolita.