Con más respeto Jueves, 10 Mayo 2012 por Guillermo Dellamary

El crimen, y en general la violencia, son consecuencia directa de la falta de respeto, por un lado a las leyes y por el otro a las personas.

Es un valor indispensable y sumamente importante para alcanzar a vivir en paz y armonía. Sin una estrecha enseñanza de una actitud respetuosa en familia, difícilmente se hará lo mismo en la calle y con la demás gente.

La falta de respeto inicia cuando nos fallamos a nosotros mismos, al saltar impulsivamente por encima del cuidado personal de lo que somos. Se nos hace fácil tomar lo que no es nuestro o arrojar una basura en cualquier lugar, porque no nos importa cuidar el espacio de todos. Simplemente rebasamos los límites impuestos por las reglas de convivencia.

Fácilmente alzamos la voz o queremos imponer nuestros hábitos e ideas, sin tomar en cuenta los ajenos. Invadimos áreas restringidas o utilizamos a los demás como simples instrumentos a nuestro servicio.

La gente civilizada respeta.

Y vaya que nos hace falta aprender, que un letrero indica que hay que cumplirlo. Sea para ajustar una velocidad o un alto. Hasta guardar silencio o pagar a tiempo lo que se debe. Hay a quien no le importa la puntualidad, porque no toma en cuenta el tiempo de los demás.

El envidioso quiere lo que el otro tiene, el codicioso quiere lo de los demás y el egoísta lucha por quedarse con lo que no le corresponde.

Justificar los medios para conseguir un fin, cueste lo que cueste, levantando falsos, acusaciones o creando chismes y escándalos, también es una manera de ser irrespetuoso.

Los delincuentes son maestros irreflexivos e inconscientes del arte de faltar al respeto. Lo hacen porque nadie les puso en claro que las relaciones humana se basan en darle su lugar a los demás, incluyendo a sus cosas.

Abusar, explotar, denigrar, discriminar, enfadar, mancillar, relegar, molestar e insultar son parte de la lista de actos irrespetuosos que proliferan en la falta de educación de nuestra sociedad.

Un país que padece de corrupción e impunidad también es debido a que no cuidamos el respeto a las leyes y al cumplimiento de los mandatos éticos.

Mas aun cuando se trata de sobresalir y destacar por encima de los demás.

Lo peor comienza cuando la falta de respeto se acompaña de violencia, física y/o emocional. Pues se atenta contra el otro, de una manera directa y vil.

Hemos llegado al extremo de acostumbrarnos a vivir en una sociedad que asesina periodistas, secuestra ciudadanos y le corta la cabeza a los que estorban.

Policías, militares, sicarios, extorsionadores y malandrines en general caen en la tentación de faltar al respeto, sin cuidar las normas, las leyes y desde luego los derechos humanos.

Los políticos necesitan demostrar que son gente respetuosa, que dan ejemplo de civilidad y educación. Los estamos observando con atención y cuidado.

La conciencia ciudadana reprueba debates irrespetuosos y acusatorios.

Hablemos de lo que queremos y dejemos de ver la paja en el ojo ajeno.