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Rosa Montero
ABR 1 2012
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Por Rosa Montero opinion@informador.com.mx

Centenares de perros felices

Todo empezó hará unos 15 años. María Luisa María Hernández, desesperada al ver el sufrimiento de tantos perros maltratados, ahorcados o abandonados, decidió complicarse la vida y montar un albergue para canes sin tener ni dinero ni tiempo para hacerlo. Hasta aquí, la historia es semejante a la de muchos otros individuos generosos que lo entregan todo para proteger a los animales. Ahora bien, lo peculiar y maravilloso de este caso, lo original y casi único en el mundo, es el hecho de que en el albergue que ha montado Maria Luisa María Hernández con la estrecha colaboración de Mary Carmen Quejido y Pilar Nieves, los perros están libres. Esto es: los animales no se encuentran encerrados en cheniles o pequeñas jaulas, sino que deambulan a su antojo por dentro del refugio, formando enormes manadas. En Las Nieves, que es como se llama ese lugar, hay centenares de perros (el número varía por las admisiones y las adopciones). Les aseguro que la experiencia de entrar allí es inolvidable.

Las Nieves ocupa un extenso terreno en medio del campo en Navalcarnero, cerca de Madrid. El recinto está dividido en otros amplios recintos interiores, cada uno provisto de grandes patios de verano y de invierno y de casas con diversas habitaciones. Hay un cercado para perros grandes, otro para medianos, otro para pequeños, otro para galgos… Los suelos de las casas están cubiertos de alfombrillas que sirven de camas, y cada recinto acoge una manada de cien o doscientos animales. Entran y salen a los patios a su antojo, escogen por sí mismos la habitación de la casa en donde quieren dormir y los compañeros con quienes quieren codearse. En verano ¡hay piscina! Dentro de los límites del albergue, los perros son libres. Y están acompañados por otros perros. Forman una manada, que es su grupo biológico natural. Al parecer, los conflictos entre los animales son mínimos, y cuanto mayor es el grupo, mas fácilmente se adaptan a las reglas sociales.

Pero para ello, claro, hace falta haber arriesgado mucho y haber invertido un esfuerzo verdaderamente colosal. Me explican estas mujeres que empezaron con pocos perros y que fueron aprendiendo paso a paso. Que siempre quisieron tener a los animales en un entorno digno y permitirles una verdadera vida, porque, aunque procuran dar a los perros en adopción, muchos se quedan para siempre en el refugio, como sucede en todas las asociaciones de este tipo. Los más viejitos, los más enfermos, los más grandes… Todos los albergues tienen, por desgracia, una población fija de animales que van consumiendo sus vidas como perpetuos y melancólicos presos dentro de sus pequeñas jaulas. Y por más que la abnegada gente que se dedica a esto intente sacarlos de cuando en cuando y mimarlos y acariciarlos, la suya es una existencia triste. En Las Nieves, en cambio, los perros disfrutan de una vida decente. De hecho, en ocasiones, algún animal adoptado ha tenido que ser devuelto al refugio, porque al abandonar la manada se había sumido en la depresión.

A mí me encantan los animales y llevo más de 30 años conviviendo con ellos, pero nunca había experimentado algo semejante a entrar en un recinto con más de un centenar de perros sueltos ladrando y brincando en torno a ti. Es impresionante, al principio, incluso, un poco inquietante; pero después, pasada la primera sacudida, es algo profundamente conmovedor. Están tan vivos. Se les ve tan felices. Tan seguros y satisfechos. Hay algo maravilloso en Las Nieves. Algo elemental y antiguo, algo que te calma. Un oscuro recuerdo de otras vidas y de otras manadas primordiales.

El quid de la cuestión, dicen las responsables, es conocer a los perros, estar con ellos, convertirte en el líder humano de la manada, conseguir que te reconozcan y respeten, colocar a los recién llegados en un entorno favorable hasta que se adapten, mediar en las posibles fricciones. Hay que saber hacerlo, y hay que haber empleado infinitas horas y muchísimo amor en observar a los animales. En los primeros años, los perros se quedaban solos por la noche y se producían frecuentes robos, pero en 2001 sufrieron el más grave. Entonces construyeron una casa de guardeses y ahora siempre hay tres personas viviendo en el refugio. Es muy duro, porque la finca no tiene ni agua ni luz, y tampoco les recogen la basura. Sacar adelante el albergue es un trabajo sobrehumano. Y, sin embargo, ¡el sitio está tan impecablemente limpio, tan bien cuidado! Fui allí una tarde de mucho frío; los galgos llevaban puestas sus mantitas impolutas, las alfombrillas se encontraban en perfecto estado de revista… Es un edén canino.

Pero conseguir este nivel de excelencia es un milagro. Tanto Mary Carmen como Pilar y María Luisa tienen otra vida, es decir, tienen trabajos, familia, obligaciones. El esfuerzo personal es enorme. Y luego está el problema del dinero. Por los perros que dan en adopción, vacunados, castrados y con chip, cobran una cantidad fija que va de los 100 a los 150 euros, dependiendo del tamaño del animal. Pero esto no cubre ni un ínfimo porcentaje de los gastos y, por otra parte, reciben muchas más llamadas para dejarles perros que para adoptar. Desde 2001 cuentan con la ayuda eventual de una organización alemana que es la única en el mundo, que ellas sepan, que también mantiene a los animales en manadas. Se llama Pro Animale für Tiere in Not y financiaron la construcción de algunas de las casas de la finca. Pero la única fuente fija de ingresos es el dinero de los socios. Tienen 400 y no es suficiente. Verás, puedes hacerte socio o puedes apadrinar a un perro de los que no saldrán jamás del refugio e ir a visitarlo de cuando en cuando, si te apetece. Entra en la página de Las Nieves (www.asociacionlasnieves.org), escríbeles un email (asociacionlasnieves@gmail.com) o llama a los teléfonos 918 13 91 26 y 670 78 51 00. Se lo merecen.

Rosa Montero

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