Victimización y activismo político Sábado, 10 Marzo 2012 por El Informador

Por John Bailey (director del Proyecto México en la Universidad de Georgetown)

El Instituto Transfronterizo de la Universidad de San Diego publicó, la semana pasada, un informe especial, Violencia por las drogas en México: análisis y datos a través de 2011.

Los autores son importantes contribuyentes en el campo de la violentología y evalúan cuidadosamente los datos de homicidios de varias fuentes. El desafío consiste en diferenciar los homicidios relacionados con la delincuencia organizada de los de otro tipo. Ellos estiman que 50 mil 800 homicidios relacionados con el crimen organizado tuvieron lugar en México entre diciembre de 2006 y diciembre de 2011. Encuentran también que el número absoluto de esos homicidios siguió aumentando en 2011, pero que la tasa de crecimiento ha comenzado a disminuir.

Éste es un número horrible en el resumen. ¿Cómo perciben los “mexicanos de a pie” los homicidios relacionados con la delincuencia organizada que afecta a su vida cotidiana? Un punto de vista puramente racional es que esos delitos se concentran en términos de geografía y en las subculturas y por lo tanto son menos amenazantes para los ciudadanos comunes que las diversas formas de robo o lesiones. Este punto de vista racional, sin embargo, es probablemente erróneo. En un estudio de CIDAC (Centro de Investigación para el Desarrollo, AC), publicado en febrero, se estima el impacto de ocho tipos de delitos diferentes en términos de incremento en la percepción del público en general sobre inseguridad. Se encontró que los homicidios relacionados con el crimen organizado ocupan el segundo lugar en la jerarquía del miedo, justo debajo de secuestro.

De manera más general, ¿cómo reaccionan políticamente los mexicanos ante la percepción de que la delincuencia va en aumento y que el Gobierno no está proporcionando la protección adecuada? ¿Se retiran del sistema político y buscan formas de autoprotección? ¿Buscan maneras de comunicar sus quejas al gobierno? La situación evoca el análisis de Albert Hirschman de una firma de negocios en decadencia en el que los clientes pueden elegir la opción “salida” (retirarse física o sicológicamente de la compañía), “voz” (protesta), o “lealtad” (permanecer con la compañía).

Si seguimos esta teoría, ¿los mexicanos que son víctimas de la delincuencia eligen “salida” o “voz”? En busca de pistas, analicé los datos de México con información del Barómetro de las Américas 2010, administrado por la Universidad de Vanderbilt. Alrededor de 26% de la muestra indicó que había sido víctima de un crimen en el año anterior, una cifra considerablemente mayor que en otras encuestas de victimización. Luego correlacionaron victimización con indicadores de activismo político, por ejemplo, la participación en un partido político o movimiento social. Las víctimas de delitos eran menos propensas a votar, pero que eran más activas políticamente en otras formas, por ejemplo, en participar en los partidos y movimientos políticos. En efecto, parece que eligen “voz” en un nivel significativo. Un claro ejemplo es el impresionante movimiento encabezado por Javier Sicilia.

Este hallazgo en México se ajusta a un patrón más amplio. Regina Bateson en Yale miró a la región de manera más amplia y concluyó que “la victimización [ante el crimen] está positiva y significativamente asociada con casi todas las formas de militancia política y participación durante todos los años de la encuesta Latinobarómetro. Este hallazgo es lo suficientemente fuerte como para sugerir una relación causal entre la victimización y la movilización”.

En cierto modo, los resultados ofrecen razones para el optimismo respecto a que los aumentos de la delincuencia se asocian con niveles más altos de “voz”. Las víctimas permanecen en el sistema y presionan para el cambio. Hay, sin embargo, una advertencia. Otros estudios que han utilizado la formulación de Hirschman descubrieron que la respuesta de los directivos de la empresa a la “voz” es una variable clave. Cuando la gestión no responde, la “voz” puede llegar a ser la apatía. Los clientes se vuelven pasivos y negativos.

Así pues, la pregunta es si el sistema político responde a “voz”, ya sea a través de las elecciones o en respuesta a los grupos de interés o los movimientos sociales. En este punto, el sistema mexicano de gobierno es más resistente a las presiones sociales que otros. Un peligro potencial es que el activismo ciudadano mayor, de cara a la creciente delincuencia, sea una respuesta a corto plazo. Si el sistema responde ineficazmente, los ciudadanos pueden dirigirse cada vez más a las diversas formas de “salida”.

Las campañas presidenciales que inician en abril proporcionarán señales clave. Después de seis años de violencia incontrolada, los candidatos pueden ofrecer alternativas coherentes para reducir el crimen o adherirse a vagas generalidades.