Sí dan asquito Miércoles, 29 Febrero 2012 por Martín Almádez

 

Lo que ha sido descubierto en la Secretaría de Cultura no sólo es preocupante, sino que representa todo lo putrefacto que puede llegar a ser un funcionario cuando olvida que su única responsabilidad es servir, y no simular, ni corromper.
 
El caso descrito en la prensa y corroborado por el propio involucrado, Roberto Torres Navarro, respecto a que ilegalmente percibe dos sueldos por el mismo patrón (Secretaría de Cultura) y un tercer sueldo, incompatible en horario, por el Ayuntamiento de Tlaquepaque, deja en evidencia el estado de descomposición en el que se encuentra el concepto de servidor público por quienes encabezan este gobierno.
 
Pocas veces un trabajo periodístico consigue llegar a fondo salvo cuando se fundamenta en la investigación. Y aquí, el caso ha dejado evidencia (confirmada por el responsable) de cómo se pueden ostentar cargos públicos sin conocimiento mínimo del área, ni perfil adecuado, pero sobre todo, con el desaseo de asignaciones groseras e insultantes para el ciudadano.
 
Titular de la Dirección Escolar de la Secretaría de Cultura, Gerente de la Orquesta Filarmónica de Jalisco y Director de Ensamble Musical de Tlaquepaque, los tres cargos bajo la institucionalidad que implican las nóminas estatal y municipal.
 
Más allá de los suelos percibidos, que por sí solos son escándalo aparte, lo que molesta, como ciudadano, es la omisión ante lo que debiera ser una alta conciencia de servidor público, al aceptar responsabilidades imposibles de solventar tan solo por razones de incompatibilidad de tiempo.
 
Las versiones de expertos y peritos, también difundidas, en materia jurídica para el caso, dejan en claro la falta legal  y por lo tanto el delito que se comete. La bravuconada del funcionario en cuestión al convocar a conferencia de prensa para explicar lo inexplicable deja en evidencia la estulticia “oficial”, pero también, transparenta la complicidad del Secretario de Cultura, Alejandro Cravioto Lebrija, quien lejos de solucionar el despropósito, ha contribuido a enlodarlo, al intentar, sin argumentos, justificar la acción señalada: corrupción.
 
Jalisco no merece sostener a funcionarios corruptos e incapaces de solucionar lo que la ley les obliga. Y menos, que bajo uno o dos o tres cargos fortalezcan la corrupción.