Reformas a tiempo Viernes, 17 Febrero 2012 por Raúl Alejandro Padilla Orozco

 

Las exigencias contemporáneas de nuestra economía demandan mayor efectividad y dinamismo, en consecuencia con la velocidad de sus operaciones, por lo que resultan inoperantes los esquemas organizacionales de décadas atrás, que hoy en día mantienen históricos niveles de desempleo en el mundo, al resultar poco o nada competitivos para el desenvolvimiento de los nuevos tiempos.
 
Es por eso que trasciende extraordinariamente el esfuerzo que en España se hace al respecto, en donde enfrentan indicadores de desempleo cuatro veces más de lo que adolecemos en México, por los altos costos que representa mantener en vigencia una fuente de empleo.
 
Es así como destacan las reformas emprendidas por el presidente Mariano Rajoy, en donde se reducen las indemnizaciones y establecen topes al pago de liquidaciones, mientras que las nuevas oportunidades laborales surgen a través de contratos por horarios de desempeño, así como mayor flexibilidad en las reglas obrero-patronales.
 
Ojo, allá debieron enfrentar graves condiciones de desempleo para emprender las indispensables reformas que ahora buscan resolver la crisis a través de la generación de nuevas oportunidades de trabajo; pero es que además no había otra opción, por lo que hoy más que nunca, el llamado es hacer lo propio en México.
 
Se trata de avanzar y adaptarse a las nuevas exigencias de la globalización económica, sin que eso signifique una claudicación a las conquistas sindicales; todos podemos acordar un nuevo esquema en donde con eficiencia y dinamismo, obreros y empresarios dispongan del margen apropiado para crecer y progresar económicamente.
 
En Europa se han convencido de que no existe otro camino más que aceptar condiciones más flexibles para las tareas productivas y con ello salir adelante de la más profunda crisis que se haya enfrentado en esa región del mundo.
 
El mundo tiene que hacer lo que le corresponde al respecto, y más vale que se emprendan los cambios con oportunidad y no cuando la crisis socave el potencial productivo y los alcances financieros de sus respectivas comunidades.
 
Nadie crece y sale adelante, sin ofrecer a cambio proporcionales sacrificios y esfuerzos para juntos progresar; reitero, el sagrado binomio que produce riqueza es integrado por los trabajadores y los empresarios, ambos en sus circunstancias y condiciones, deben alcanzar los acuerdos equitativos y justos para honrar sus capacidades y potenciales, sin apasionamientos ideológicos, ni posicionamientos irreconciliables.
 
Muy especialmente en México, disponemos de una inmensa riqueza que perfectamente puede aprovecharse en equilibrio y sustentabilidad, al servicio del progreso y desarrollo de sus habitantes; pero además cuenta con talento y creatividad entre sus trabajadores, así como el arrojo y compromiso de sus empresarios.
 
Recordemos que México tiene prisa de consolidar todas las reformas que hacen falta, empezando por la política (piedra angular para que haya cambios), y así convertirnos en un modelo a seguir por la armonía entre sus factores de la producción, en la convicción de que así tendremos la certeza, de que sin duda alguna, lo mejor está por venir.