* Tres hipótesis Viernes, 10 Febrero 2012 por Jaime García Elías

 

En el principio del capítulo actual de la historia del Guadalajara, pródigo en claroscuros, hubo --está documentado-- una letanía de buenas intenciones. Entre ellas, tener “los mejores jugadores”, “el mejor entrenador” y “las mejores guasanas”, si no del mundo, sí, al menos, “del rumbo”.
 
La asignatura, al menos en esos capítulos, sigue pendiente...
 
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La crisis por la que atraviesa el equipo --que conserva su popularidad arrolladora... aunque los aficionados, en esta fase, le den la espalda y aun le dediquen más silbatinas y cuchufletas que ovaciones y apapachos--, amerita intentar alguna reflexión, a partir de tres hipótesis, a saber:
 
1.- ¿Está en los jugadores la raíz de sus males?...
 
2.- ¿Está en el entrenador?...
 
3.- ¿Está en los dirigentes?...
 
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De los actuales integrantes del plantel, hay varios que han sido --y seguirán siendo-- seleccionados nacionales: Michel, Magallón, Fabián y el “Venado” Medina entre los mayores; el “Cubo” Torres, Fierro, Enríquez (de los que ya han debutado con el equipo profesional) y varios más entre los menores. Sin embargo, ninguno de ellos se ha convertido, a cabalidad, en baluarte --o en “referente”, como se dice ahora-- del equipo. Ninguno ha tenido la calidad o la personalidad necesaria para --como también se dice ahora-- “echarse el equipo a la espalda”.
 
De los jugadores que han llegado de otros clubes, ninguno de los recientes ha hecho efectivo el anhelo de trascender al pasar de su equipo de origen al más popular de México, como sí lo hicieron en un pasado remoto Héctor Hernández, y en tiempos más recientes Gabriel López Zapiain, Guillermo Mendizábal, Benjamín Galindo y alguno más. (La excepción a la regla sería el “Bofo” Bautista... aunque no por mucho tiempo).
 
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De los técnicos que han dirigido al “Rebaño Sagrado”, ninguno ha tenido oportunidad de hacer huesos viejos en el cargo. Chepo de la Torre --que lo llevó al último título-- estuvo en el timón dos torneos completos y dos incompletos. Efraín Flores y José Luis Real --los más consistentes--, ídem. Los restantes “mejores entrenadores” en turno (Eduardo de la Torre, Hans Westerhoff, Benjamín Galindo, Xabier Azcargorta, Omar Arellano, Francisco Ramírez y Fernando Quirarte), fueron por demás efímeros. A ninguno se le tuvo la paciencia necesaria para dar oportunidad a que se vieran los frutos de su trabajo.
 
Queda en el aire, pues, la tercera hipótesis...
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