- El Santuario Viernes, 3 Febrero 2012 por Jaime García Elías
La historia comenzó hace poco más de medio siglo: Para mantener a su numerosa prole (se decía que La Cigüeña ya no los visitaba: vivía con ellos), un médico de barrio, jefe de familia, honesto “ma non troppo”, un buen día discurrió —¡eureka...!— vender las muestras médicas que pasaban por sus manos. Ese fue, por años, su modus vivendi... El ejemplo cundió. El fenómeno se reprodujo de manera exponencial, y las consecuencias, desde hace un largo rato, están a la vista: la venta semiclandestina de medicinas eclipsó a los negocios tradicionales de “El Santuario”: las tortas, las nieves de “El Gato”, las cañas, los buñuelos, los elotes con crema y queso, las carnes asadas de Rubén, las semas de “La Luz”, los pollos de Valentina...
-II-
Aquel paraíso de la gastronomía pueblerina devino, en efecto, tianguis de los medicamentos. Los antiguos moradores del barrio por el que aún resonaban lo mismo el eco de las sandalias de Fray Antonio Alcalde que el de las balas que segaron la vida de “El Remington”; los que aún daban santo y seña de la casa en que nació Agustín Yáñez (por Manuel Acuña) y en la que vivió monseñor José Ruiz Medrano (por Guillermo Prieto), vieron, con dolor, cómo se fue degradando su pequeño mundo.
Alguna esperanza los iluminaba ocasionalmente: cuando se hacían aparatosos “operativos” gubernamentales para decomisar “medicinas apócrifas”, los vecinos esperaban el milagro... Contra el argumento de los menesterosos, en el sentido de que sólo en “El Santuario” encontraban medicamentos baratos, estaba el de los especialistas: esos medicamentos solían ser robados, o adulterados, o caducos, o inocuos porque se les almacenaba de manera inadecuada... Sin embargo, horas después de los dichosos “operativos”, las casas habilitadas como farmacias encubiertas, volvían a operar como si nada.
-III-
La película —como las de “Cantinflas” en la televisión— volvió a exhibirse ayer. Como en el caso de operativos similares que de manera sistemática se realizan en los tianguis o en el Mercado Libertad, hoy se difundirá el boletín con el inventario de la mercancía decomisada, y eventualmente —¡muy eventualmente!— la cifra de personas detenidas... Mañana a estas horas, los detenidos estarán en libertad, las seudofarmacias estarán operando normalmente, sus agentes seguirán asaltando a los transeúntes, y la venta ilegal de medicamentos —ingrediente básico de la cual es la corrupción— seguirá siendo un negocio floreciente... por los siglos de los siglos, amén.
Moraleja: ¡vivan las llamaradas de petate...!
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