El agua y los políticos Martes, 24 Enero 2012 por Diego Petersen
De nada sirve refundar el SIAPA si no cambia la cultura del agua en Guadalajara. Podemos gastar todo el dinero del mundo en liquidaciones, en un nuevo diseño institucional, en contratar gente que sepa del tema y hasta chicos Harvard, pero si los políticos siguen teniendo la última palabra, si será el Congreso el que decidirá el esquema de tarifas, y cualquier grillo en campaña puede gritar que no habrá aumento a las tarifas, y le hacen caso, toda refundación es fuego de artificio. No necesitamos un nuevo SIAPA si las decisiones técnicas serán sometidas a votación de los señores diputados para que digan qué presa les late más o si es mejor un proyecto que otro porque hay más lana de por medio. De poco o nada sirve cambiarle el nombre a la institución si para cobrar el servicio hay que pedir permiso a los ayuntamientos.
El SIAPA fue una gran institución que se fue corrompiendo con los años y los panistas se encargaron de enterrarla. No es que antes de Ocampo la institución fuera impoluta; tenía ya muchos problemas, pero fue el PAN, en este sexenio, el que decidió poner al frente a un político con aspiraciones que no solo no sabía nada de agua, sino que aumentó la nómina de manera grosera, endeudó al SIAPA y se gastó el dinero del crédito en pagar nómina y gasto corriente. El problema de los últimos años tiene nombre y apellido: lo que hizo Rodolfo Ocampo al frente del SIAPA es como para inhabilitarlo de por vida de la función pública, pero quien piense que cambiando de nombre, de logo y de administrador la institución va a mejorar, no ha entendido nada.
Si no le damos al SIAPA o al nuevo SIAPA autonomía en el manejo tarifario, lo demás es intrascendente. Los organismos operadores que son eficientes en México y en el mundo son aquellos que cobran por el agua lo que tienen que cobrar. Si un municipio, o el Gobierno del Estado, por convicción política, por justicia social o por la ley del “porque lo digo yo” decide subsidiar a un determinado grupo, está en todo su derecho, pero que lo pague el municipio o el Gobierno en turno con una transferencia directa de recursos al organismo operador. Si el nuevo SIAPA no tiene autonomía de gestión para decidir cómo y en qué gasta sus recursos, con prioridad en lo técnico y con posibilidad de cortar o minimizar el servicio a quien no lo pague, cambiarle de nombre no servirá de nada.
Si la política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos, el agua es doblemente importante. El futuro de la ciudad depende en gran medida de la gestión que hagamos del agua; no dejemos nuestro futuro en manos de políticos que no ven más allá de la próxima elección.