Reactivación de la riqueza mineral del Estado de México Domingo, 1 Enero 2012 por El Informador

LA MINERÍA, los recursos mineros en general, pero en especial los metales preciosos, oro y plata, así como otros de carácter industrial caracterizaron por mucho tiempo la actividad económica fundamental del estado de México.

EN EFECTO, esos recursos, explotados indiscriminadamente durante la época virreinal, y de manera más sistematizada durante buena parte del siglo XIX y primera mitad del XX, contribuyeron en gran medida a lo que los marxistas denominan procesos de acumulación primitiva del capital, y esto se lleva a cabo en su destino final, en los países europeos. los pueblos mineros del Estado de México fueron bien conocidos en todo el mundo, por la abundancia y calidad de sus yacimientos, y desde luego, después de la explotación que hicieron los españoles durante su dominación  política, llegaron las grandes y poderosas empresas trasnacionales, estadounidenses, e inglesas, a proseguir con la explotación irrestricta de nuestros recursos mineros, hasta que llegó el momento en que las vetas y los mismos yacimientos se agotaron, dejando, como secuela, miles de kilómetros de socavones y de túneles por grandes extensiones del territorio nacional.

PERO, el caso del estado de México fue más dramático, con la salvedad de que los recursos mineros explotados fueron más pródigos en lo que se refiere al oro y la plata, y cuando éstos se dejaron de explotar, la actividad minera prácticamente cesó en dicha entidad, no obstante que en la región sur de dicho estado hay riquísimos yacimientos de metales industrializables - la entidad reporta que en 2010, otorgó 271 concesiones mineras, 52 hectáreas en comparación con las aprobadas en 2004-, especialmente por el rumbo de Tejupilco, Amatepec y Tlatlaya.

SIN EMBARGO, fueron las minas de Sultepec en lo que se refiere a los yacimientos argentíferos, o sea, la plata y el oro en el ahora llamado por la parafernalia azul, 'pueblo mágico', de El Oro, y que en su nombre lleva la fama, el otro, el metal precioso por excelencia, ' el metal bárbaro' por antonomasia, según lo llamó el bueno de Lord Keynes, los que proporcionan riqueza a raudales a los magnates de la minera supranacional.

En efecto, el mineral de El Oro, con el apelativo de Hidalgo, está considerado como un gran centro minero venido a menos debido a la rapiña de las compañías mineras extranjeras. El Oro, era en las primeras décadas del siglo veinte un importantísimo emporio económico, que se manifestaba por el esplendor de la clase social pudiente y la pobreza y la miseria en que subsistían los trabajadores mineros y sus familias asentados en inmensas barriadas carentes de todo, como El Atorón, La Parafina, Chinches Bravas, en donde a duras penas subsistían carentes de los más elementales servicios, mientras la 'gente bonita' de la época, había sentado sus reales en barriadas elegantes, como Cruz Verde; Casa Blanca, centro de operaciones de la compañía El Oro Mining Co. e iban a hacer sus compras en el Lámcán de moda ' La Ciudad de Londres', de una familia francesa, Los Pons.

Los días festivos, los domingos, por ejemplo, hacían día de campo en las cercanía de la Presa Brockman, vestidos a la última moda, mientras la dorada juventud de la época, concurrían a los muchos y lujosos lupanares que había en la localidad, como en el barrio de El Tranval, con damiselas de exportación. Pero pasó la época de bonanza, y las minas fueron abandonadas, Dos Estrellas, El Retaje, Tiro Skip, y como por encanto El Oro poco a poco se fue despoblando. Sólo quedaban como testigos mudos de su antiguo esplendor, el teatro Juárez y el Palacio Militar, así como la estación del ferrocarril, que ya no transportaría a mas viajeros, ni volvería a pasar por Flor de María, alquería famosa por muchas razones.

PERO los lugareños no se amilanaron y continuaron manteniendo a su pueblo, a El Oro, con limpieza y decoro, con dignidad y magnificencia, pero El Oro, se singulariza además, por el frío de su clima y por la hermosura de sus muchachas, y por si fuera poco por la hospitalidad de sus habitantes.

ESTE comentario lo traemos a colación porque la prensa nacional dio a conocer en días pasados que además de la promoción turística a ese lugar, se trata de reactivar de nueva cuenta su minería, explotando otras vetas auríferas a más profundidad, algo así como a 66 metros, porque se ha comprobado que dicho metal de alto registro ahí se encuentra. Y así, se anuncia, y esto es lo cuestionable, que una empresa canadiense, la Candente Gold Corporation, detectó dicho un gran potencial enorme para extraer de nueva cuenta oro de alta ley, por debajo de las anteriores vetas.

Dicha empresa canadiense considera que El Oro es uno de los mayores y más prolíferos distritos del metal de alta ley en México, con una producción histórica de oro y plata de más de ocho millones de onza, realizada a 200 metros durante la segunda mitad del siglo XIX. Mucho se espera, pues de la eventual renacimiento de la minería con las explotaciones de la Candente Gold, pero además, que las condiciones que habrán de establecerse, resultan asimismo, benéficas para la clase minera de la localidad, y para sus habitantes en general, con lo que esa tierra mexiquense tan cara a nuestros propios sentimientos, retome como se dice coloquialmente, ' un nuevo aire...'