La Minerva I. La escultura Miércoles, 10 Agosto 2011 por Diego Petersen

Lo feo no le quita lo bonito. Hay cosas que son así, que de tan feas adquieren personalidad. La Minerva es una de ellas. Pocos monumentos son tan poco agraciados como la famosa mole de la glorieta, y vaya que tiene competencia. La Madre Patria de Avenida México y Pedro Buzeta es de sacarle un susto al miedo. Está inspirada en la famosa patria del mural de Camarena (la de los libros de texto) y ésta es todavía más imponente. En muchos sentidos es una buena síntesis de la patria: grandota, dadivosa y bastante prostituida. Un día que en plena borrachera del 10 de mayo le llevamos gallo, hasta sentí que me veía bonito. Paradojas del destino, a 10 cuadras hay otro monumento igualmente horroroso y del mismo personaje: “la mona”. A mí me costó muchos años entender que esa monja de piedra (que siempre imaginé bigotona, aunque no lo pueda probar porque nunca la he visto de frente) adusta, seca y con cuerpo de pepino era la misma homenajeada que la del otro lado de Chapultepec. Dos visiones distintas de una misma madre en una Patria esquizofrénica. El Monumento a la Madre en la Plaza 10 de mayo, sobre la Calzada Independencia, es quizá la más fea de todas la esculturas urbanas. Cualquiera diría que se trata de un monumento al travestido (en esta ciudad tan abierta a la diversidad todo es posible) o que al escultor se le fue la modelo y en su lugar contrató un luchador. Pero en el concurso del monumento más feo ninguno le gana a los arcos de Zapopan: son lo más inútil, mal proporcionado y cursi que hay en la ciudad... y encima grandotes, pa’ que se vean. La lista podría seguir, pero todo esto era sólo para decir que, en eso de la fealdad, La Minerva no está sola. Originalmente, en el lugar de La Minerva, entonces el cruce de la carretera a Tequila con la incipiente Avenida Ingenieros, se pensó colocar una escultura de San Miguel Arcángel, uno de los tres patronos de Guadalajara junto con Santo Santiago y la Virgen de Guadalupe (aunque hay que dejar claro que podrá haber tres patronos pero sólo una es la que manda: la Virgen de Zapopan). El entonces gobernador, entendedor del laicismo, decidió mejor buscar una figura mítica y escogió por puro gusto a Minerva, o lo que es lo mismo, Atenea la diosa griega, que nació de Metis (la prudencia) en la cesárea más salvaje de la historia: Vulcano abrió la maceta de Metis de un hachazo y Atenea nació de la cabeza,  grande y con armas (sabia y fuerte). La escultura la hizo el hidrocálido Pedro Medina con una modelo zacatecana, pero le salió tan fea que el rumor de la época es que se trataba de un político inmortalizado en esa figura femenina (cada quien le veía parecido con el político que le caía más mal). La mole fue vaciada en bronce en Aguascalientes y transportada en tres partes a Guadalajara para ser colocada en una enorme glorieta diseñada por el arquitecto Julio de la Peña. Cuando nació La Minerva era sólo fea, no era importante ni simbólica, eso vendría después. (Mañana, La Minerva II. El símbolo).