— Pudor Viernes, 10 Junio 2011 por Jaime García Elías
Quedará, pues, para mejor ocasión despejar la incógnita que se abrió a raíz de la convocatoria para realizar, en Guadalajara —con su fama de pacata, gazmoña y decimonónica—, el próximo sábado, si el Buen Dios se descuidaba, una mezcla de manifestación cívica con ejercicio lúdico. Lo primero:
la demanda de acciones concretas de la autoridad para incentivar el uso de sistemas de locomoción no motorizados, y, más particularmente, para favorecer el uso de la bicicleta. Lo segundo: valerse, para el efecto, de una modalidad inédita en estas “Tierras de Dios y de María Santísima”, que supuestamente ni Dios vería con ojos de misericordia, ni María Santísima se dignaría a bendecir con maternal unción: una marcha nudista en bicicleta.
—II—
No fue menester que hubiera amenazas por parte de la autoridad. No hizo falta ninguna prohibición expresa; ni siquiera hubo alguna tímida advertencia de que se aplicaría “todo el peso de la ley”, “cayera quien cayera”, a quien osara contravenir las disposiciones del Reglamento Municipal de Policía y Buen Gobierno, incurriendo deliberadamente en las actitudes exhibicionistas previstas en la norma. Sin necesidad de que “el supremo Gobierno, que no se equivoca nunca” (Pito Pérez dixit) blandiera las tarjetas amarillas, los propios organizadores decidieron que Guadalajara aún no está lista para esas expresiones, propias de las sociedades decadentes, indignas de la herencia de moralidad que sus actuales habitantes recibieron como legado de sus ancestros. En consecuencia, la invitación a participar en el paseo, “tan desnudos como quieran”, quedará para mejor ocasión. ¡Qué se le va a hacer!
—III—
La anécdota ahí quedará. Si alguna vez, en el futuro, en Guadalajara llega a darse una manifestación como la que se proyectaba, con los participantes “al natural”, será inevitable la referencia de los mayores: “Pues una vez, allá por junio de 2011…”, y a continuación, colgada de esos puntos suspensivos, el resto de la historia; por supuesto, con el consabido final anticlimático.
Anticlimático, sobre todo, no tanto porque prevalecieran el pudor o el temor de que la autoridad asumiera una actitud intransigente, sino porque difícilmente se dará un solo paso en el sentido que se pretendía. Si participando, desnudos, en un paseo ciclista, se resolviera en una medida razonable el problema de transporte público en una ciudad cada vez más ineficiente en ese aspecto, seguro que los tapatíos, en masa, no tendrían empacho en guardar la ropa y el pudor en casa por unas horas. Pero como “nones”…
JAIME GARCÍA ELÍAS / Periodista y conductor radiofónico.
CARGANDO COMENTARIOS...